El “Radio Corto”; política de la cotidianidad

Víctor Alejandro Polanco Frías
El Estratega

En mi país hoy todo es “política”. Es lógico, acabamos de transitar por un proceso electoral que, como suele suceder en el México contemporáneo, ha estado plagado de opacidades. Siento a mi gente enojada, triste, abatida o en pie de guerra… Siento a mi gente incrédula, anonadada, sorprendida y resignada ante el resultado de la contienda electoral. Siento a mi gente dividida, tanto interna como externamente. Me duele esta situación.

En estos días grises todo mundo se ha erigido como politólogo profesional. Todo mundo es un luchador incansable por la democracia y la justicia. Todo mundo se siente autorizado y legitimado para corregirle la nota a los comentarios, opiniones o perspectivas de los demás.

La conversación colectiva se ve literalmente anegada por críticas mordaces, ataques con tintes fascistoides, descalificaciones y sátiras lúcidas, insípidas o decididamente torpes. La violencia que se agita en nuestros espíritus encuentra rápido la vía franca, la corta distancia, el estrecho y tenebroso sendero de la maldición. Hoy México es una nación que Maldice.

Pero incluso la discordia más punzante encuentra su remanso en el tiempo. En México el mayor pacificador se llama olvido y la miseria más punzante: normalidad y tradición. Yo conozco el poder del tiempo, que todo lo disuelve, que todo lo borra, que todo lo devora…

La cotidianidad se alimenta ya con los furores revolucionarios, y día con día les menguará su fuerza, hasta reducirlos a un desdibujado recuerdo… a una muesca en la memoria… al motivo de una nostalgia que nos convencerá, nuevamente, de que el pasado siempre fue mejor…

Al final de la jornada, el peor de los resultados será el que resulte triunfador: todo volverá a la “normalidad”.

Para esos días, en los que la sangre se haya asentado; en los que los estudiantes regresen a sus escuelas; los funcionarios a su buró; los comunicadores a sus telenovelas; y el hombre de la calle se siente nuevamente frente a Catedral, intentando encontrar un trabajo honrado… para esos días donde el tiempo y el olvido hayan apagado las hogueras y los tambores de guerra,  cundo ya nadie se acuerde de los fraudes y las componendas, de las marchas y los mítines, de la imagen falaz y la palabra envenenada, para esos días son estas palabras…

La política más efectiva es la que se ejerce en el “Radio Corto”.  Entre los seres amados, amigos y vecinos con los que compartimos esas, nuestras breves horas.  La política más cierta, como arte de vivir y convivir en la ciudad; como colaboración y mutua interpenetración; como estrategia colectiva para la supervivencia ante los embates de un medio agreste… esa política, la que no se distingue de la ética, porque en el carácter y en las acciones de los ciudadanos encuentra su punto de emergencia y expresión… esa política que no se realiza cada seis años, sino cada seis segundos… esa política, la que no se registra en boletas, sino en vivencias… la que no se mide mediante complicadas estadísticas y sondeos, sino a través del reconocimiento y el cariño… esa política, mis valientes lectores, es la que estamos llamados a ejercer.

Amiga, Amigo… de nada sirve que marches por las calles para reclamar justicia, si en tu casa eres artífice o víctima de la tiranía. Que luches porque la gente del campo tenga alimento, mientras que permites que tus seres amados se queden sin pan, alentado por una retorcida idea de igualdad, equidad y justicia. De nada sirve, amiga, amigo, que gastes el concreto de Reforma, si no eres capaz de respetar, entre tus seres amados, los mismos derechos que al gobierno le demandas. Si eres sabio entenderás que el acto cotidiano crea cultura indestructible, mientras que la marcha de coyuntura y ocasión solo deja, como un dedo que atraviesa la superficie del agua, un poco de espuma que no habrá de durar.

De nada sirven los cantos y los panfletos si día con día te sometes ante los abusos de tus empleadores, si participas en circuitos sacrificiales, si boicoteas, vilipendias, sobajas, lastimas a tus compañeros. De nada sirve la hermandad y el valor frente a los granaderos, si cuando estás  ante tus jefes, capataces, empleadores, dirigentes, gerentes, gerontes y geruntos no haces más que temer, temblar y sudar. Si te vuelves enteramente dócil. Si permites que se coman tu energía, tu tiempo, tu vida, tu juventud… Créeme, con el pasar de los años te darás cuenta de que tu cobardía laboral es mil veces más dolorosa y destructora que un toletazo. Todo aquel que malgaste tu tiempo, que es tu vida, merece ser enfrentado con rebeldía…

De nada sirve usar las Redes Sociales, si las empleas como una vía franca al ataque, la maldición, el sarcasmo barato y el más sucio de los chismorreos… si llenas la imaginación de tus lectores y seguidores con imágenes violentas, sanguinarias, descontextualizadas… con torpes y denigrantes metáforas… con la impresión de que este mundo es una mierda gigantesca.

(Yo agradezco el esfuerzo por informar, por compartir, pero les pido de todo corazón que no llenen mi imaginación con horribles descuartizamientos, con mutilaciones, con enfrentamientos. Sé que existen, lucho cada día por impedirlos, pero no tengo por qué soportar en mi alma las cien mil atrocidades que se verifican en este mundo cotidianamente. Si quieren informarme de algo, que sea de que sus novias los aman, de que sus abuelitas recuperaron la salud, de que alcanzaron una meta laboral y educativa, de que hoy decidieron, ante todo, seguir adelante. Esa es la información que quisiera leer cada día… esa es la información que me hace fuerte. Esa es la información que resulta útil y poderosa en el “Radio Corto”).

Hoy, cuando todos hablan de revoluciones colectivas, les recuerdo que no quieren abandonar su auto para usar el transporte público. Que prefieren gastar miles de pesos en un bolso, en un reloj, en un traje… en vez de ayudarles a sus ancianos padres, a los hermanos que la pasan difícil…  al amigo que tiene carita de hambre, porque otra vez no comió.

Los he visto leer poesía… qué esperan para hacerlo todo los días en sus barrios y unidades. Por qué aguardar a que estén las cámaras… por qué esperar a que su lectura tome un tinte valeroso, audaz, desafiante… Leer poesía en público (como lo hace todo el tiempo mi queridísimo Canuto), ¡vamos!, leer en voz alta, contar un cuento, platicar una idea, trazar con ella novedosos horizontes, así, sin cámaras, discretamente, ente amigos, familiares, colegas y vecinos, ese sí que es un acto revolucionario. Es un acto educativo y formativo. Con implicaciones sociales, culturales, políticas y éticas. Eso sí es desafiar al mundo…

Y por qué no aprovechan las reuniones para transferirse conocimientos y tecnologías. Sería genial, en vez de marcha contra de x o y… ¡Ven!, compartamos saberes, opiniones, trabajos, artes, cultura… Organicemos un curso de pintura, otro de jardinería, uno más de sociología del consumo… Que Juan nos enseñe a tocar la guitarra, y Pedro a pagar menos impuestos… Que los del Poli nos den clases de mate, y los de la Unam de filosofía. Yo podría dar Marketing de Guerrilla, y pasarles al costo algunos de los secretos que usan los políticos para “dormirnos”. Porque todos sabemos hacer algo, porque saber es poder y necesitamos poder más… todos los días.

A los partidarios recalcitrantes de “Pepeslavia” o de la “República de los Cocos”, a los “Verdes” o a los “Colorados”, es momento de hacerles ver su actitud intolerante, violenta, fanática y demagógica. Sordos, Ciegos, Bocones a más no poder, y tontos entre los tontos, no escuchan, no dialogan, no comparten, sólo excretan por la boca… sólo excretan las mismas ideas, las imágenes diseñadas, los rumores calibrados, la verborrea científicamente estructurada por los partidos y los medios y los “líderes de opinión”.

A todos ustedes, los invito a crear sus propias ideas, a informarse, a no limitarse a repetir la “píldora”. Se quejan de los medios masivos de comunicación, sin poder reconocer que el mayor de ellos es el “boca a boca”, la conversación colectiva, la que entra hasta nuestras mesas y alcobas… y ustedes, con su petulancia, su vanidad, su arrogancia y su discurso mesiánico la llenan con un ruido inservible, que impide avanzar en la comprensión de cómo queremos organizarnos para vivir en conjunto.

La política del “Radio Corto” tiene que ver con nuestras elecciones como consumidores. Pero de verdad, todos los días. No sólo cuando alguien llama al boicot….  Esos llamados no son escuchados, no por falta de compromiso o consciencia, sino por falta de hábito… hay que ser responsables siempre con nuestro consumo, para poder hacerlo cuando se trate de apoyar una causa. Por favor, entérese de que sus poderosos tenis son manufacturados por esclavos; que la basura tóxica de su flamante celular envenena la sangre y el agua de muchas comunidades; que su bolsa o su cartera son manufacturadas por hombres y mujeres que viven recluidos en un barco, por hombres y mujeres que muy probablemente no volverán a ver la luz…

Mire, además, quién empaca sus compras… Sí, son nuestros abuelos, son nuestros  maestros, nuestros futuros…  Que bueno que tengan una oportunidad laboral… que amargo que nuestra sociedad haga eso con quienes han dejado su vida en la construcción del mundo que ahora nosotros habitamos…

Nos quejamos de la gran corrupción… no prestamos atención a la pequeña tranza… a la miseria de prestar servicios sin contar con los conocimientos y las habilidades necesarias… Aunque no lo creas, cada vez que copias en un examen, o dejas que el tonto de siempre te haga la tarea, tú también te estás robando la elección… Es muy fácil acusar el desvío de fondos, y gastarte la beca en la cervecería… Es muy fácil criticar la estupidez y mediocridad de nuestros políticos, y hacerte de la vista gorda con la gris medianía de tu formación personal y profesional…

Hoy todo México se ríe de un presidente que no lee… No debemos seguir escupiéndole al cielo…

La política cotidiana, la del “Radio Corto”, es una poderosa apuesta por la lenta transformación de nuestros pensamientos, sentimientos, hábitos y creencias. Demanda un compromiso tan vital como implacable, y a la larga, entrega los frutos más dulces de la vida en común.  Yo sé que hoy es tiempo de marchas y manifestaciones. De gritos y ánimos encendidos. Ya vendrá el olvido, ya vendrá la vida a devorar nuestras revolucionarias pasiones. Ya vendrán las responsabilidades a comerse nuestra energía y tiempo. Pero si te comprometes a luchar cada día… si cada día haces la diferencia… si aplicas tus ideales, todos ellos, en el pequeño  ámbito de nuestras posibilidades reales… en el Radio Corto de nuestra existencia… si fortaleces a tus seres amados… si los acompañas… si vives en la belleza y la justicia… si eres coherente e íntegro… entonces el cambio será imparable, emocionante, duradero…

Porque si bien es cierto que a toda primavera le sigue un verano, también lo es que, como alguna vez lo mentara Aristóteles, al verano no lo hace una sola golondrina…

 

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