El guerrero es libre, fluido e imprevisible

Víctor Alejandro Polanco Frías

El Estratega

La libertad implica que no te atas ni te entregas a nada. No eres, entonces, un socio voluntario. No estás desesperado. Nunca te dejas dominar por la impaciencia y el deseo. Libertad es vivir con una pasión silenciosa. Es ser y no ser al mismo tiempo.

La fluidez, más que un atributo o disposición, es un estado de ser. Es no oponerse a nada. Es saltar o rodear los muros en vez de

Es cambiar de forma y táctica cuando así lo amerite la situación. Mudar de apariencia. Mimetizarse con el entorno.

También consiste en confiar en tu poder personal, estar al máximo y mantener lustradas y afiladas tus aristas cortantes. Es saber cortar cabezas con el escudo, defenderte con la espada, y permanecer impasible observando, a buen resguardo, el vuelo de las saetas.

Con el flujo vienen la vida y el cambio constante de lugar. No seas un monumento: fijo y anquilosado; sino agua y  viento. Fluye lo que es ligero, informe, veloz, dinámico. Para fluir hay que dominar el ciclo y la línea. Hay que estar un paso delante de los cambios. Ver, en fin, el tiempo que llega.

Lo imprevisible se opone a lo rutinario. Es sorpresa y astucia. Empieza por seleccionar la vuelta justa del camino. Sigue con una deliberación táctica y estratégica. Culmina con un movimiento súbito, inesperado, sorprendente… aniquilador.

El arte de ser imprevisible está emparentado sobre manera con la sorpresa. Entonces, es pertinente construir un manto de estabilidad. Un velo de acechador. Que cubra tu esencia, y que encante a los que te observan con la apariencia que pretendes dar.

Debajo de ese velo, el guerrero se encuentra atento y la máximo de su tensión, en espera del momento justo para dejarse ir con todo su poder, brío y pasión. Nada lo detendrá. Su ataque será, entonces, como el descenso de un rayo: veloz, inesperado, poderoso y letal.

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